El interrogante contiene una afirmación: el PJ de Entre Ríos no ha venido funcionando, estrictamente, como un partido de una democracia liberal. Al menos en los 20 años consecutivos en los que fue gobierno, el peronismo minimizó la vida partidaria. La discusión interna, que caracteriza a una organización política de Occidente, se redujo a su mínima expresión con el alineamiento al jefe de turno: Jorge Busti, Sergio Urribarri, Gustavo Bordet.
Algunos creen que las sanciones que aplicó el Congreso partidario del sábado pasado sólo sirven para debilitar al peronismo como fuerza electoral de alternancia. Y, en consecuencia, la expulsión del intendente de Santa Elena, Daniel Rossi, y las sanciones más leves a los afiliados que fueron candidatos por otros partidos en 2025 vendrían a ser funcionales a la continuidad de Rogelio Frigerio en el poder.
Es como si el apego a la legalidad y el respeto a las normas que rigen la vida interna estuvieran convirtiendo al PJ en un partido más parecido a la UCR. Un partido de la minoría, que estropeó su vocación de poder tras el fallido segundo gobierno de Sergio Montiel.
Quienes así leen al peronismo en esta etapa interpretan el Congreso del sábado como una expresión más de la crisis que atraviesa el peronismo de Entre Ríos desde que la derrota de 2023 le averió la brújula para conectar con las demandas sociales de este tiempo.
Mandato
La crisis es evidente. Se aprecia en las dificultades que ha tenido el peronismo para definir un rol opositor uniforme en la Legislatura. Una cosa es el bloque de diputados y otra, bastante distinta, el de senadores, donde el oficialismo pudo obtener con relativa facilidad una mayoría que contradice la expresión del voto popular.
¿Está mal que el Congreso del PJ haya mandatado a sus legisladores para votar en contra de la reforma previsional o de la eventual suspensión de las PASO? ¿No puede leerse como un intento de reordenamiento partidario?
En cada departamento, el electorado votó a un senador de un determinado partido político. Se supone que quien le dio su voto espera que actúe según los principios, valores y decisiones orgánicas de ese partido. Para eso lo vota. ¿No es así como funciona la representación política en una democracia?
El máximo órgano del partido por el cual fue electo el legislador se reúne y define una posición política ante temas en discusión en la Legislatura. Y advierte que quienes no sigan esa línea serán sancionados. ¿Eso es mucho? ¿No es así como funcionan las organizaciones partidarias? No se trata de temas que involucren creencias religiosas o asuntos de conciencia. Son cuestiones eminentemente políticas: la reforma previsional y la posible eliminación de las PASO.
Sin internas
El problema pasa, en todo caso, porque la dirigencia del partido que toma esas definiciones no llegó allí con el voto de los afiliados. Hace muchos años que el peronismo no va a una elección interna en serio, que evidencie cuánto tiene cada uno. Un paso elemental para legitimar liderazgos en esta etapa opositora.
Y si no hubo internas no fue por culpa de un sector que, como denuncian algunos de los sancionados, se apoderó del partido y obturó la participación. El propio Rossi declinó su postulación en la interna de febrero de 2024, que terminó renovando la conducción provincial por lista única. Al año siguiente repetiría el amague de presentarse a las elecciones para la interna que debía seleccionar candidatos a diputados y senadores.
El daño que la suspensión de las PASO de 2025 le provocó al peronismo no hubiera sido posible sin la colaboración de la propia dirigencia peronista.
Era evidente que unas primarias obligatorias y financiadas por el Estado le hubieran venido muy bien para legitimar liderazgos en la nueva etapa opositora, sin un jefe que ordenara desde el poder como en las dos décadas anteriores. Pero el partido político con más afiliados de Entre Ríos, y que más años detentó el poder en la provincia desde la recuperación democrática de 1983, no se ponía de acuerdo en cómo financiar una interna que reemplazara a las PASO.
Cuando parecía que le habían encontrado la vuelta para ir a una interna no tan costosa, sólo una lista reunió la cantidad de avales requeridos. Los que desafiaron al oficialismo partidario no lograron siquiera cumplir ese requisito. ¿Querían realmente dar la interna?
Dividir
En el oficialismo partidario están convencidos de que todo fue una escenificación cuidadosamente montada para justificar una salida electoral por fuera del PJ y contribuir a la dispersión del voto peronista.
El uso del sello del Partido Socialista que —momentáneamente— abandonó a Frigerio reforzó esa idea en el caso de la lista que encabezaron Héctor Maya y Gustavo Guzmán, con el apoyo de Allende.
Lo del PS es muy ilustrativo: salió por izquierda del frente oficialista —argumentando que no bancaba una alianza de Frigerio con Milei— para llevar a la cabeza de sus listas a dos candidatos del peronismo que corrieron por derecha a los postulantes oficiales del PJ. Después de las elecciones, el socialismo no sólo no se fue de Juntos por Entre Ríos, sino que pasó a ocupar cargos en el gobierno provincial.
El caso de la lista kirchnerista que encabezaron Carolina Gaillard y Paola Rubattino es distinto. No pudieron argumentar proscripción porque fueron a las elecciones directamente por afuera —con los sellos del Frente Grande y el Movimiento por Todos— sin haber intentado antes dar la interna del PJ.
Un repaso más detallado y didáctico de ese curioso escenario de división peronista, en la siguiente nota:
Las causales para una sanción partidaria estaban muy claras. Eran obvias. Para cualquier partido del mundo. Tal vez no tanto para un PJ que en estas décadas no se caracterizó precisamente por su apego a los estatutos. ¿Está mal que ahora sí respete sus reglas internas?
Por derecha y por izquierda, con mayor o menor vínculo con el gobierno de Frigerio, las dos listas que se presentaron por afuera del PJ contribuyeron, objetivamente, a la división del voto peronista y al triunfo de la Alianza La Libertad Avanza.
Con todo, los votos que lograron restar no fueron muchos. Y seguramente por eso prosperaron las sanciones. Pero, como al peronismo no le sobra nada, el Congreso dejó abierta la posibilidad de que la pena que les impide ser candidatos en los dos siguientes turnos electorales se reduzca o incluso quede sin efecto, según cómo se dé el diálogo interno que se propicia.
El caso de Rossi es distinto. Jugó otro juego. De hecho, no fue candidato. Prefirió no demostrar los votos que dice que tiene dentro del peronismo. Lo suyo es el amague y el desgaste, con denuncias judiciales incluidas.
Amagó con ser parte de la veterana dirigencia peronista de los años 90 que impulsó a Frigerio para la gobernación. Amagó con presentarse a elecciones para presidir el PJ. Amagó con presentarse como candidato el año pasado. Y ahora le prometió a Frigerio armar una liga de intendentes paralela a la del PJ.
La expulsión de Rossi fue una redundancia. Ya estaba afuera del PJ.
Fuente: Página Política



