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La importancia de abrir el juego interno

La interna fue un buen negocio electoral para Juntos por Entre Ríos. Su dirigencia lo reconoció recién después de ver los resultados de las PASO. En el peronismo, en cambio, sigue primando el temor a abrir el debate y la competencia interna.
Pablo Bizai
Por: Pablo Bizai
pablobizai@gmail.com

Después de las PASO del 12 de septiembre, todo el mundo coincidió en que fue un acierto habilitar las internas en Juntos por el Cambio. No sólo porque permitió ordenar a una fuerza política que ya no estaba en el poder, sino porque posibilitó a la alianza opositora ofrecer al electorado distintas opciones para castigar al gobierno peronista. Con más alternativas, que representaron la combinación de distintos partidos, matices y tradiciones políticas, aumentó la cantidad de votos que pudo reunir JxC y la diferencia que esa suma obtuvo ante la lista única del Frente de Todos.

¿Hubiera reunido 402.020 votos una lista única de Juntos por Entre Ríos como la que pretendían Rogelio Frigerio y Atilio Benedetti a mitad de año? Seguramente no. De ese total, hubo 127.908 que fueron para la lista que lideraron los intendentes radicales Pedro Galimberti y Darío Schneider y 13.846 para Carlos González, que recogió una parte del varisquismo residual.

Es probable que una fracción importante de los votos que fueron para Galimberti y González no hubieran acompañado a Frigerio como cabeza de una lista única. Es que estas dos opciones plantearon críticas a la injerencia del PRO y de Frigerio en particular, sobre la UCR en el último lustro.

¿Eso quiere decir que no votarán por Frigerio el 14 de noviembre? Es probable que no lo hicieran si JxER no hubiese contado con una normativa interna que integra a las minorías y que permitió que Galimberti, al superar el 25% de los votos, se incorpore a la lista de Frigerio, nada menos que ocupando el lugar que tenía Benedetti y dejando al actual diputado fuera de la posibilidad de renovar su banca en diciembre.

La presencia de Galimberti en la lista permite retener los votos (al menos en su gran mayoría) de la interna. Sobre todo si, además, se compromete en la campaña junto a Frigerio, aunque sea para aventar cualquier sospecha de especulaciones que lo dejen mal parado para 2023.

 

Cosa de radicales

JxER se benefició electoralmente de la competencia interna. Y la integración de minorías promovió esa competencia. No hubiera sido lo mismo sin esa reglamentación del frente opositor que abre la expectativa de entrar en el reparto de cargos si se obtiene un piso del 25% de los votos (de la interna), un criterio que viene de la tradición de la UCR, impreso en su carta orgánica.

Dar la pelea interna a una lista oficial en el Frente de Todos es más difícil porque la alianza oficialista se rige por la carta orgánica del PJ, que contempla integración de minorías pero fuera de los lugares expectantes de la lista. En los hechos, el que gana una interna se queda con todo y el que pierde con nada.

Si uno de los partidos, una combinación de partidos aliados al PJ, o sectores kirchneristas que mantienen diferencias con el perfil de Enrique Cresto, hubieran presentado una lista y obtenido el mismo porcentaje de votos que Galimberti en la interna de JxER (32%), no se habrían podido integrar a la lista de Cresto en lugares expectantes. Para ser candidatos en noviembre, con posibilidades de acceder al Congreso de la Nación, deberían haber derrotado a la lista oficial.

 

Antecedente

En 2017, la anterior elección de medio término en la que también se renovaban cinco diputados nacionales por Entre Ríos, el PJ presidido por el gobernador Gustavo Bordet habilitó las internas. Se anotaron 10 listas. Una de ellas era la lista “oficial” Somos Entre Ríos, surgida de un acuerdo entre Bordet y sus dos antecesores en la gobernación, Sergio Urribarri y Jorge Busti.

Pero el acuerdo con Busti terminó dividiendo al kirchnerismo en Entre Ríos. La dirigencia K que ocupaba espacios de poder se quedó dentro de Somos Entre Ríos, pero otros prefirieron acompañar, de modo explícito o en silencio, a las alternativas kirchneristas que en la interna llevaron como primer precandidato a Jorge Barreto, que reunió 50 mil votos, o a la que encabezó Claudia Vallori, que recibió unos 10 mil votos.

Ninguno de los dos se incorporó a la lista Somos Entre Ríos y muchos de esos kirchneristas no votaron en las generales a los candidatos de Bordet, Urribarri y Busti. Iban a perder de todos modos con Cambiemos, que atravesaba su mejor momento en el gobierno nacional, pero la derrota fue más importante porque el peronismo no fue integrado a la elección general.

 

En el proyecto original de reforma política que Bordet impulsó al año siguiente, en 2018, se fijaba un piso del 15% de los votos para que una lista que participe de las PASO acceda luego al derecho de integrar la lista de esa fuerza para las elecciones generales.

Ese porcentaje se mantuvo en la reforma política abreviada que se acordó dentro del peronismo. Pero luego fue quitado del proyecto que se terminó aprobando, en acuerdo con los legisladores de Cambiemos y bajo el argumento de que podría generar demandas judiciales por injerencia en la vida interna de los partidos.

Por esos días, muchos sostuvieron que el 15% era un requisito para evitar la fractura del peronismo. El kirchnerismo pedía un congreso del PJ para incorporarlo en la carta orgánica. Y desde el oficialismo partidario se respondía que no había clima para eso; que en todo caso ese 15% se incorporaría en las reglas de juego del frente electoral, al momento de su inscripción.

Nada de eso pasó y en los siguientes turnos electorales, de 2019 y 2021, ya reunificado en el Frente de Todos, el peronismo siguió rigiéndose por su vieja carta orgánica en la que quien gana una interna se queda con todo y el quien pierde, con nada.

 

Oficialismo y oposición

Bajo el argumento de que las internas complican la gobernabilidad, Cambiemos hizo, en los hechos y mientras fue gobierno en la Nación, lo mismo que el PJ, a pesar de que su normativa interna contemplaba la integración de minorías. De distintas maneras, promovió las listas únicas. Cuando no fue posible, las cúpulas partidarias lograron cerrar potentes acuerdos en listas “oficiales” que volvieron testimoniales a la competencia interna, o negaron pegados de boletas para restarle competitividad a los adversarios internos.

Ya de regreso a la oposición, a Frigerio y Benedetti, que venían cerrando los principales acuerdos (de cúpula) electorales en Cambiemos desde 2015, les costó aceptar la conveniencia de una interna, aun cuando Frigerio tenía todas las de ganar.

Recién admitieron sus “errores” de no haber “permitido”, en el pasado, la competencia interna una vez que valoraron el resultado de las últimas PASO y movidos seguramente por la necesidad de contener los votos de la interna para el 14 de noviembre.

Tal vez el peronismo deba pasar a la oposición para entender que las internas, con representación de minorías, son al fin de cuentas un buen negocio electoral. Y si por alguna razón coyuntural no lo fueran, no deberían asustar a nadie que busque liderar una fuerza política o gobernar una provincia o una ciudad.

 

Fuente: Página Política
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