En la reforma política que esta semana se empezó a discutir en la provincia de Santa Fe, ninguno de los siete proyectos presentados propone eliminar las PASO.
Todos los espacios políticos santafesinos quieren mantener las primarias como instancia ordenadora de sus diferencias internas. El PRO marca un matiz al proponer convertirlas en PAS. O, en todo caso, PASO, pero con la “O” de optativas. Es decir, que no sean obligatorias ni para el votante ni para los partidos que acuerden una lista única.
Este punto de la reforma santafesina reviste interés para Entre Ríos porque la dirigencia de la vecina provincia estaría acordando en 2026 lo mismo que la entrerriana cuando, a fines de 2024, aprobó el nuevo Código Electoral de Entre Ríos. Por impulso del gobernador Rogelio Frigerio, se decidió mantener las primarias en las elecciones provinciales.
Pero un año y medio después, toda la política entrerriana da por hecho que el oficialismo intentará suspender las PASO provinciales, aunque Frigerio no ha enviado aún un proyecto a la Legislatura en ese sentido.
Con el peronismo en contra, el Gobernador necesitará del voto de los senadores y diputados de la UCR, partido en el que hay resistencias a resignar una herramienta que le permitiría tener más presencia en las listas de la alianza de Frigerio con Milei.
Algunos radicales evalúan como alternativa a la suspensión quitarles la obligatoriedad a las primarias. Si el problema no es tanto reducir el gasto como la “molestia” a la gente para que vaya a votar en una elección que no define más que candidaturas —y en algunos casos ni siquiera eso—, la propuesta de suprimir su obligatoriedad encajaría con el discurso público del Gobierno, que se muestra preocupado por no potenciar el ausentismo electoral, creciente en los últimos comicios.
Limitadas
Hay un punto intermedio que se barajó en los debates que precedieron a la reforma política de 2024: mantener las PASO, pero volverlas optativas cuando no haya competencia interna.
Se mencionó entonces la posibilidad de limitarlas sólo para las fuerzas políticas que tengan competencia interna y suspenderlas en casos puntuales, como una ciudad o un departamento donde no haya competencia electoral dentro de cada fuerza política.
Lo que se buscaba con esa excepción era evitar los gastos y la incomodidad de ir a votar cuando la instancia de las PASO nada resuelve, porque no hay competencia interna y los candidatos para la elección general ya están definidos en lista única.
Pero para que una situación así se produzca, ninguna de las alternativas electorales que se presenten en un determinado distrito debe tener interna. Por ejemplo, que en un pueblo haya tres fuerzas políticas que aspiran al gobierno local y las tres hayan acordado internamente una lista única para la intendencia o la comuna.
Pero si una de ellas tiene internas, se puede producir un trasvasamiento de votos en las primarias que llevaría a distorsionar el proceso.
Todos o ninguno
Como las PASO son a padrón abierto (el mismo que se usa para la general, es decir, que vota todo el mundo) y de voto obligatorio, en el ejemplo del pueblo con tres alternativas electorales y sólo una con internas podría darse que muchos de los electores de los partidos que tienen lista única terminen votando en la elección del partido que sí tiene internas.
Para hacerlo más claro: el partido A y el B acordaron, cada uno por su lado, una lista única para la intendencia y, por lo tanto, no tendrían la obligación de presentar listas en las primarias. El partido C, en cambio, lleva dos precandidatos y sería el único que necesita de la instancia de las PASO para seleccionar su candidato a la intendencia. Los electores de los partidos A y B podrían, entonces, votar en blanco en las PASO o participar en la interna del partido C.
En ese último caso, se produciría una doble distorsión: 1) los votantes de los partidos A y B podrían elegir al candidato menos competitivo del partido C, porque suponen que sería más fácil de vencer en la elección general; 2) pero al votar en la interna del partido C le aportarían un volumen electoral artificial, que terminaría beneficiando a su adversario para las elecciones generales.
Es que las PASO funcionan también como una suerte de primera vuelta electoral, sin más efecto que el del posicionamiento. Y quien no participa porque no tiene obligación de hacerlo corre el riesgo de perder visibilidad.
Algo de eso pasó, pero en el orden provincial, en las elecciones de 2011, cuando las primarias entrerrianas no eran obligatorias (no eran PASO, sino PAS) y para gobernador sólo se presentó el PJ, con Sergio Urribarri compitiendo con Gerardo González como sparring. El recuerdo de ese escenario en la siguiente nota:
Fuente: Página Política





